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Financiar mejor, juntos: en la cumbre FiCS, la coordinación se convierte en la verdadera palanca del desarrollo
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La cumbre Finanzas en común (FiCS), organizada en París el 29 de abril de 2026 en el marco de la presidencia francesa del G7, reunió a los principales actores del financiamiento del desarrollo. Bancos multilaterales, bancos públicos nacionales e instituciones financieras hicieron la misma constatación: ante el incremento de las necesidades, el desafío planteado ya no es solo movilizar financiamiento, sino coordinar mejor a los actores para actuar a mayor escala.
Desde hace una década, las grandes instituciones convergen en torno a varias prioridades: movilizar más capital privado, coordinar mejor a los actores públicos y privados, y reforzar el rol de los bancos públicos de desarrollo. Sin embargo, estos principios aún no se han traducido lo suficiente en acciones concretas.
Para Ilan Goldfain, presidente del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el desafío ahora ya está claramente identificado: «¿Cómo se puede reducir el coste del capital y atraer más recursos para el desarrollo?» Detrás de esta constatación hay una idea: no se trata solo de definir principios, sino también de hacer que funcionen a gran escala.
Un sistema aún demasiado fragmentado
El financiamiento del desarrollo se basa en un ecosistema denso y estructurado. No obstante, su funcionamiento sigue siendo perfectible. «Muy pronto identificamos el núcleo del problema: la fragmentación, la falta de comunicación y la falta de coordinación», resume Sidi Ould Tah, presidente del Grupo Banco Africano de Desarrollo (BAfD).
Concretamente, esta fragmentación se traduce en intervenciones dispersas, procedimientos heterogéneos y en un aumento de la complejidad tanto para los Estados como para los inversores. En este contexto, es evidente que la prioridad no es añadir nuevas capas institucionales.
Actuar de manera complementaria
Para mejorar la eficacia, los actores del desarrollo buscan ahora organizar sus intervenciones de manera más complementaria. «En el nuevo enfoque contemplado, los bancos nacionales intervienen más cerca del terreno, mientras que los bancos regionales actúan siguiendo una lógica de subsidiariedad», explica Thomas Melonio, economista en jefe y director ejecutivo de Innovación, Estrategia e Investigación en la AFD.
En la práctica, los bancos nacionales o regionales detectarían los proyectos y los acompañarían inicialmente, mientras que los bancos multilaterales intervendrían posteriormente para aportar financiamiento y asegurar las inversiones. No obstante, esta coordinación no puede quedarse solo en la teoría. Ese es precisamente el papel de las «plataformas país» —mecanismos de coordinación establecidos a escala de varios países—, que reúnen en torno a una misma mesa al Estado, a los bancos de desarrollo y a los socios financieros para trabajar sobre las mismas prioridades.
Sobre todo, ante la magnitud de las necesidades, el financiamiento público debe seguir desempeñando un papel catalizador fundamental. «Eso es lo que ya hacen concretamente los bancos de desarrollo: con recursos públicos limitados, atraen inversiones considerables», recuerda Thomas Melonio. Pero esta movilización también requiere reducir previamente los riesgos para generar confianza entre los inversores.
África y América Latina: dos terrenos de experimentación
Ahora bien, a pesar de estos esfuerzos, el potencial para movilizar capital privado sigue estando en gran medida desaprovechado, especialmente en África. Sidi Ould Tah lo explica: «Hay que mirar a África a través de una paradoja: 400 000 millones de inversiones frente a 4 billones de ahorro. Por eso necesitamos una nueva arquitectura financiera africana para el desarrollo».
Por su parte, América Latina ofrece un terreno de experimentación excepcional para unas finanzas más integradas. «Allí los bancos públicos de desarrollo están en una posición particularmente estratégica. Estructuran los proyectos y atraen a los inversores, con un objetivo claro: pasar de una lógica de cofinanciamiento puntual a una lógica de estructuración conjunta de los mercados», analiza Marie-Pierre Bourzai, Directora del departamento de América Latina en la AFD.
Armonizar las prácticas
Para movilizar más inversiones, también surge con frecuencia otro obstáculo: a los inversores privados les cuesta orientarse. Los proyectos de desarrollo son muy diferentes entre sí, con niveles de riesgo, montajes y marcos jurídicos variados. Como resultado, son difíciles de comparar y, por lo tanto, de integrar en estrategias de inversión más «clásicas».
De ahí que una de las pistas consista en hacerlos más comprensibles y más estandarizados, lo que, según Sandra Kassab, directora del departamento de África de la AFD, pasa por la creación de una verdadera clase de activos homogénea. También es necesario generar confianza con respecto al riesgo. Ahí es donde entran en juego algunos instrumentos financieros, como las garantías para el crédito parcial y las garantías de cartera, mencionadas como soluciones por Álvaro Lario, presidente del FIDA (Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola). Concretamente, estas garantías desempeñan un papel de seguro: cubren una parte de las pérdidas en caso de problema. Para un inversor, eso lo cambia todo: el riesgo se reduce y la inversión se vuelve mucho más aceptable.
Por lo tanto, las soluciones son conocidas, pero su implementación sigue siendo el desafío central. «El financiamiento solo es un medio. El objetivo es reunirnos para obtener resultados», concluyó Álvaro Lario.
FiCS: una nueva coalición entre OSC y BPD
El 28 de abril se lanzó en la AFD la Coalición entre organizaciones de la sociedad civil (OSC) y bancos públicos de desarrollo (BPD) del FiCS. Copresidida por la AFD, el banco italiano Cassa Depositi e Prestiti (CDP) y FORUS, constituye una etapa decisiva en el diálogo entre los bancos públicos del desarrollo y la sociedad civil, impulsado por la AFD desde el lanzamiento del FiCS en el 2020. La Coalición abre un espacio para estructurar el diálogo entre estos dos actores centrales del desarrollo, esencial en un contexto de reducción del espacio cívico y de contracción presupuestaria. Ya se han sumado a ella el Banco Mundial, el banco de desarrollo de Sudáfrica, el Banco Asiático de Desarrollo (BAsD), y el BAfD, así como, por parte de la sociedad civil, Concord, Bankwatch, la FIDH y varias plataformas nacionales de OSC (India, Nigeria y Asia).